Sonrisa fugaz
Más allá del fondo, donde la oscuridad se espesa, palpita una presencia que engaña mis sentidos. Basta que mis ojos busquen un punto fijo para que el mundo se distorsione, como si la realidad se burlara de mi sed de certeza.
¿Es acaso la verdad lo que vislumbro, o solo un velo que se retira para negarse de nuevo?
Me acecha una sonrisa; una curva de luz que me tienta y me invita al abismo de su mirada. Pero es una trampa de humo: cuando creo alcanzarla, ella ya se ha desvanecido. No hay tacto, no hay cuerpo. Solo queda el eco de su ausencia, una cicatriz en mi memoria que me condena a recordarla eternamente.
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