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Mostrando entradas de junio, 2025

🩸 CAPÍTULO 1 — EL JUEGO

  Carta para mi vecino : Te convertiste en un hermano para mí, te bancaste todas y jamás hubo alguna falla en tu noble amistad. Hoy te dejo todo lo que me rodea. Sin medir palabras me voy lejos de aquí, y quizás en alguna otra vida nos volveremos a cruzar, o quizás en todas las vidas que pasamos nos juntamos siempre pero en distintas personificaciones. ¿Te imaginas si fuéramos perro y gato? Sería muy gracioso. No quiero alargar más la despedida. Bajo estos puñados de letras te dejo todo firmado para que vivas todo lo que soñaste. Espero que sea de tu agrado la estadía en esta casa. Nos vemos, amigo… Dejé mi escritorio atrás para sentarme en la punta de la cama y recordar todo lo que fui viviendo en cada rincón de mi casa. Me concentré en el silencio que casi me partía los tímpanos con pequeños zumbidos que de lejos se escuchaban. Cerré los ojos para entrar en un sueño profundo y las imágenes se proyectaban solas en mi cabeza. Era una tarde calurosa y se me ocurrió un juego con la f...

🕳️ CAPÍTULO 2 — EL VECINO

 Huyendo de mi destino, corriendo desesperado porque sentía que el pasado me seguía hasta abajo de la cama. Corrí tan rápido que ni me acuerdo de cómo abrí la puerta. Caí en la cama con los ojos llenos de lágrimas hasta que el llanto me atrapó en un descanso mental. La almohada fue mi pañuelo en la oscuridad. Me dolía la cabeza al día siguiente. Retumbaban mis oídos como aplausos en un teatro tras una actuación ejemplar. Recordando por qué me mudé. Por qué tuve que hacerlo. La pregunta me persigue aún. Fue por exceso de amor. Una noche alocada con mi novia de varios años. Casi media vida juntos. Superamos tormentas, compartimos paisajes. Pero la raíz viene de más atrás. Nos conocimos en el colegio. En un recreo. No iba mucho a clase. No sentía que perteneciera a ese lugar. En mi casa, un padre viejo y golpeador. Una madre joven y sumisa. Hijo único. Me escapé muchas veces, hasta que el viejo se pegó un tiro. Mi madre aún lo llora. Hipócrita. Esa fue mi libertad. Dormí en la calle, ...

🧠 CAPÍTULO 3 — NACIMIENTO DE LA BESTIA

 No fue de un día para el otro. Nos quebramos en silencio. Ella tenía ideas. Y yo tenía obediencia. Al principio, fue divertido. Juegos con los límites. Pruebas. Desafíos absurdos. Luego se volvió otra cosa. Yo la amaba. Por eso no decía que no. Por eso acepté cuando quiso guardar la sangre menstrual en frascos. Cuando me pidió que durmiéramos abrazados a huesos de animales. Cuando empezó a hablarle a la heladera como si fuera un altar. La frase se volvió religión: “Si no hay, no se precisa.” Si no hay comida, comemos pan duro. Si no hay agua, nos bebemos. Si no hay moral, mejor. Vivíamos en la casa como si fuera un templo. Un mundo sin testigos. Nos masturbábamos para desayunar. Jugábamos a ser otras personas. Yo era su hermano muerto. Ella era mi madre. Era placer. Era locura. Era amor sin reglas. Y lo necesitábamos. No nos dimos cuenta de cuándo dejamos de salir. De cuándo dejamos de hablar con la familia. O con los vecinos. Hasta que apareció él. El nuevo. Paimon. Traía algo ro...

🩸 CAPÍTULO 4 — EL BANQUETE FINAL

 La noche en que todo terminó no hubo gritos. Solo una quietud espesa, como si el aire se hubiera coagulado. Ella estaba sentada en el centro de la cocina, desnuda, con el cuerpo pintado de blanco y las pupilas dilatadas como si hubiese visto a Dios. Yo temblaba. Paimon no. Paimon estaba sereno, como quien cumple una promesa vieja. Ella le dijo: "Ahora es tu turno. Quiero ser parte de él. Hazlo por nosotros." Y lo hizo. Con una cuchilla de cocina. Precisa. Lenta. Como si cada centímetro cortado tuviera un significado espiritual. Ella no gritó. Solo lo miraba. Yo, arrodillado, no podía moverme. No quería. No debía. Estaba excitado. Hambriento. Enfermo. Vivo. Cuando la sangre ya era un mar tibio sobre las baldosas, Paimon me miró. Me entregó un trozo de carne. No supe si era pecho, muslo, parte del rostro. No me importó. Lo mastiqué como quien recibe una hostia. Sabía a destino. Pasamos horas comiendo en silencio. No como caníbales, sino como sacerdotes. Yo lloraba mientras com...