Sombras programadas
Las casas de la ciudad siempre fueron un laberinto, de techos altísimos, ventanales gigantes y de puertas pesadas. Sus pasillos olían a cera vieja y los pisos crujían con una simple mosca. Para Nico, no solo era una casa, era un secreto familiar que nunca se dijo en voz alta. Pero la curiosidad pudo más que la obediencia. Nico quería saber de que trabajaba su abuelo, de dónde había salido tanta riqueza en un mundo que siempre esquivaba la sombra. Y él sabía, mejor que nadie, por qué su familia esquivaba el sol. Porque él, al igual que su padre, no proyectaba nada sobre la vereda. El sol les daba de lleno, los iluminaba, pero bajo sus pies no había oscuridad. El suelo quedaba liso y brillante. Nico siempre supo que eran distintos, pero nunca había sabido por qué. Hasta ese día. Revolviendo un cajón olvidado en el despacho del abuelo, encontró un viejo cuaderno de dibujo, con páginas amarillentas y quebradizas. No eran dibujos infantiles normales. Encontró uno de su abuela sonri...