La sonata del Diablo
Una madrugada, cualquier madrugada, me despertó la caricia de tu mirada. Una luz debajo de mi cama me llamaba; no me decía nada, solo sentí sus garras desgarrándome los tobillos para asegurarse bien y subir sin hacer mucho esfuerzo.
Es un dolor consciente, pero no hay tiempo para el dolor; mis lágrimas caen y cada vez está más arriba mío. Creo que me estoy desangrando o a punto del desmayo; siento la respiración más cerca y se me corta la mía porque solamente quiero escuchar su melodía. No quiero alterar sus notas; estoy a punto de morir, pero la sonata que invadía sus cuerdas vocales era entrar al paraíso sin haberlo pisado.
Hasta donde yo sé, de algún lado me resuena; mis lágrimas se secan y mi sonrisa se eleva. Disfruto el momento; quizás solamente me deje vivo cada vez que aparece porque, por primera vez, a alguien le gusta su melodía. Mis noches de insomnio se convirtieron en una orquesta con un solo espectador; cada vez que las luces debajo de mi cama se encienden, ahí es donde todo empieza.
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