Platos de autor
Caminando me encontraba sin rumbo fijo, mirando el amanecer como me gustaba, siempre mirando a los arboles y en otoño ver caer sus hojas dejando todo el suelo con su típico color anaranjado, pensar que necesitamos muchas bolsas para juntar todas, pero mientras reposan ahí forman un hermoso escenario, ellas entienden que es hora de partir, por que vienen otra camada que las van a reemplazar, formando otro color sobre la copa de los arboles, y esta vez no habrá mas de ellas en el suelo, pero en fin todavía faltan muchas por caer, así que aprovecho y trato de guardar la imagen en mi teléfono celular para que me quede el registro de esa hermosa postal. Nunca tengo un rumbo fijo siempre me dejo llevar por el destino o por algo que quiera hacer, y tome la decisión de ir a comer ya que la panza rugía como león, entonces ahí me di cuenta que también mi sentido de orientación estaba mas que perdido ya que nunca sabia que comer en ese momento, y siempre caigo en lo mismo, hamburguesas, pero esta vez decidí ir mas allá de lo cotidiano, y unos carteles led me llamaron la atención, sus luces rojas resaltaban las oscuras calles donde se situaba, su puerta era bastante pesada tuve que usar ambas manos para lograr mi objetivo, al lograr abrir me encuentro con todo apagado y una luz de lejos me decía que pasara, sentía voces que venían desde allí, yo todo curioso me aferre a mi pansa que ya no podía mas del sufrimiento, llegue a esa luz y al entrar vi un par de mesas ocupadas, el ambiente pintoresco, y todos se reían, me puse a pensar que esa gente que estaba ahí la estaba pasando bien, me quise quedar, eleve mi voz para llamar al mozo y explicarle que quería mesa para uno, lo cual encontró una con éxito, ansioso de probar esa comida me trae una carta con pocos platos pero lo justo, enseguida le pregunto si tenían algún tipo de pasta y este me da vuelta la pagina para señalarme donde se encontraban, leí atentamente todo, hubo uno que me llamo la atención y que en ningún lugar vi, así que exclame mi inseguridad al preguntarle de que estaban hechos los ravioles al cocinero, al cual este me respondió con un tono humorístico que el chef jamás revelo su secreto pero que era el mejor plato de ahí, entonces curioso de probarlos le pedí uno, y una salsa a los cuatro quesos ya que era mi favorita, y me faltaba algo para beber, siempre es bueno pasta y vino, es una combinación que no falla, pero hoy tomare gaseosa, ya echo mi pedido el mozo se retira de la mesa dejándome un poco de pan con algunas salsas para picar algo, al minuto me trae la bebida y con ella un poco de hielo, muy amable el servicio de mesa, siempre que voy a comer solo, logro visualizar todo, ya que no estoy pendiente de una charla o algo importante, veo como todos la pasan bien en familia o amigos, carcajadas se escuchan desde que entre, y eso hacia el ambiente mas relajador, escuchaba algún chisme mientras tomaba mi primer vaso, y me enteraba cosas que no me importaban pero me hacia el interesado, al pasar los minutos la gente pedía la cuenta y se retiraban para que otra mesa se sentara, era increíble pero siempre había mas mesas, al fin y al cabo paso el tiempo y mi comida estaba a punto de llegar, relamiéndome los labios para empezar, el mozo llega con mi plato y un pote con queso rallado, me dijo las palaras que uno quiere escuchar, y estas fueron "Caballero que tenga provecho" siempre me agradaron esas palabras, al mirar mi plato presencie ver "La Capilla Sixtina" así que tome el queso y agregue magia a ese plato tan sobrevalorado que tenia que probar para afirmar lo que me había dicho, tome el tenedor y pinche mi primer bocado, y la verdad no voy a mentir, era lo mejor que había probado, jamás sentí ese sabor, no sabia lo que lo hacia tan especial, probé muchos platos en mi vida, pero jamás algo como esto, enseguida llamo al mozo para exclamarle mi gratitud hacia dicho plato y le exijo hablar con el responsable de esta obra de arte, pero primero terminare mi comida ya que mi estomago necesitaba algo solido. Al finalizar pido la cuenta y le hice recordar que quería hablar con el cocinero, el mozo un poco tímido me dijo que no podía ya que se encontraba con muchos pedidos, entonces ahí fue donde me presente, saque mi credencial de inspector de seguridad e higiene, le advertí que si no me dejaba pasar le haría un acta enseguida, al ver eso, quedo mudo y me dijo que iba hacer todo lo posible, al finalizar la charla le entrego la cuenta, con ello la plata y algo mas por su buen servicio de mesa, paso un buen rato y al fin alguien me llama para ver al chef, ingreso a la cocina estaba todo impecable, ahí estaba cocinando, lo llamo para que voltee, al girar noto algo raro en su cara, pero pudo haber sido algún corte que habría sufrido, le extiendo la mano para agradecer por haber echo las mejores pastas que comí, este se da media vuelta sin medir palabras y sigue cocinando, un poco furioso lo llamo para que no sea tan descortés y lo sacudo del delantal, haciendo que se desabrochara y callándose al piso, me quede perplejo cuando lo vi, el cocinero no tenia carne, era esqueleto puro, lo único que tenia era cabeza y manos, el resto era cadaver, cada plato de Él tenia un pedazo de si mismo, ahí descubrí su secreto mas perturbador, y al saber tanto las luces se apagaron dejando todo oscura la parte de la cocina y el brillo de un cuchillo fue lo ultimo que alcance a ver, quizás ahora estaré en alguna salsa, o en alguna pasta, lo único que aun no puedo olvidar es el sabor de ese plato...
Buenísimo,me encantó el desarrollo del cuento"realmente el cheef le pone el cuerpo a lo que asé,y el cliente no se fue con el estómago vacío y sirvió para atraer a otros clientes😁muy bueno👍
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