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Sombras programadas

Las casas de la ciudad siempre fueron un laberinto. Techos altísimos. Ventanales gigantes. Puertas pesadas. Sus pasillos olían a cera vieja. Los pisos crujían con una simple mosca. Para Nico no era solo una casa. Era un secreto familiar que nunca se dijo en voz alta. Pero la curiosidad pudo más que la obediencia. Nico quería saber de qué trabajaba su abuelo. De dónde había salido tanta riqueza en un mundo que siempre esquivaba la sombra. Y él sabía, mejor que nadie, por qué su familia esquivaba el sol. Porque él, al igual que su padre, no proyectaba nada sobre la vereda. El sol les daba de lleno. Los iluminaba. Pero bajo sus pies no había oscuridad. El suelo quedaba liso y brillante. Nico siempre supo que eran distintos. Nunca supo por qué. Hasta ese día. Revolviendo un cajón olvidado en el despacho del abuelo, encontró un viejo cuaderno de dibujo. Páginas amarillentas. Quebradizas. No eran dibujos infantiles normales. Encontró uno de su abuela sonriendo. Pero la sombra, dibujada con u...

Punto Piel

  Las redes sociales fueron la puerta para varias cuentas falsas, así nadie sospecharía de su hermosa locura, este viaje se iniciaba sin retorno, ella sabia que era así, y que fácil que era conocer gente por este sistema. Tenia un gusto particular, amaba sobre todas las cosas el invierno, nada le hacia mas feliz que taparse con muchas frazadas, casi quedar aplastada, usaba sus sweaters de talla mas grandes así se podía poner mas ropa abajo de ella, se ponía todo el placar prácticamente, sus movimientos de cuerpo eran inútiles, no había flexibilidad. En las descripciones de sus cuentas, aclaraba que el verano era su estación favorita, pobres ilusos que caían en su trampa, al contestarles su aprobación a dicha época del año, creyendo así en su mentira, esa persona era citada a un lugar donde ella proponía, total manejaba los hilos de todo, platicando les contaba su falsa vida que había armado, y las personas quedaban perplejas de todo lo que había logrado, una ves cautivados, se diri...

Un banquete premeditado

Si un ser querido abandono este plano, para ir al limbo y de ahí designan a donde va su alma, mientras que ese papelerío es eterno, uno que quedo acá en la tierra llorando y pensando siempre en esa persona que nunca se sacia la sed del olvido y siempre arrojamos sus cenizas a donde nos han dicho, pero que caso tiene si no esta presente, encima las cenizas ni son las verdaderas. La muerte se tiene que celebrar, es una despedida para que su alma eleve al mas allá y este en paz para toda la eternidad.  Por eso en esta empresa nos dedicamos a eso, CELEBRAMOS LA MUERTE, no hacemos bailes ni cortamos las calles, siempre es algo mas intimo, los mas allegados y los que tengan el valor de algo distinto. Me llamo Antonio y hoy te cuento como cambiamos algo tan básico por algo espectacular, junte mis pasiones con la cocina y la muerte, horas y días pensando en como juntarlas, tenia que ser algo único y un día mi cabeza exploto con un sueño o una realidad en otro plano, pero mi vi ahí cocinand...

Sonrisa fugaz

 Más allá del fondo, donde la oscuridad se espesa, palpita una presencia que engaña mis sentidos. Basta que mis ojos busquen un punto fijo para que el mundo se distorsione, como si la realidad se burlara de mi sed de certeza. ¿Es acaso la verdad lo que vislumbro, o solo un velo que se retira para negarse de nuevo? Me acecha una sonrisa; una curva de luz que me tienta y me invita al abismo de su mirada. Pero es una trampa de humo: cuando creo alcanzarla, ella ya se ha desvanecido. No hay tacto, no hay cuerpo. Solo queda el eco de su ausencia, una cicatriz en mi memoria que me condena a recordarla eternamente.

Querido diario... 1

  Querido diario, Hoy por fin pude matar a mi vecino. No hice mucho para conseguirlo: una puñalada por la espalda bastó. El siguiente paso costó un poco más, pero lo logré. Amarré sus piernas y lo elevé hasta que, con el cuerpo todo estirado, su cabeza comenzó a escurrir toda la sangre. Una vez drenado, metí su cuerpo en la tostadora de café. Lo desmembré para que entrara perfectamente. Cuando tomó el color y la temperatura deseada, lo dejé enfriar girándolo. Creo que escuchar sus huesos romperse mientras la máquina giraba fue orgasmo puro para mis oídos. Una vez terminada la operación, corté algunas de sus partes y comencé a moler con un molinillo manual. Ya el olor me hacía entrelazar los pies. Estaba listo para probar por primera vez una bebida especial: café humano. Origen: Perú (Cajamarca, altura 1.80 m). Notas: mandarina y miel. Tengo que especificar bien el rótulo, para que los clientes sepan de dónde proviene. Lo que me hizo llegar a la conclusión de que, si cada huma...

Querido diario... 2

  Querido diario, Hoy fue jornada doble. Me levanté con antojo de algo nuevo. Algo exótico. Algo que me haga dudar si estoy despierto o soñando. Tenía hambre… pero no de comida: de origen. Primero cayó el  turista japonés. Lo seguí por tres días. Educado, amable, con una mirada que parecía pedir disculpas por existir. Lo invité a tomar un espresso y nunca más volvió a ver el sol. Fue fácil. Silencioso. Elegante. Lo preparé como se debe. Método de goteo lento. Tueste medio. Notas: florales, cereza amarga, una pizca de hierro fresco . Textura suave, como té verde oxidado. Lo llamé "Kyoto Blend" . Después, la influencer de Rosario. Ropa fluorescente, sonrisa postiza, olor a crema solar y marketing barato. La encontré filmando un reel en la plaza. Le ofrecí un café de cortesía. Dijo que no tomaba café, que solo matcha. Le respondí: “Hoy sos el blend.” El cuerpo reaccionó distinto. Mucho colágeno, poca alma. Tueste alto. Sabor fuerte, con notas a vainilla artificial, silic...

Querido diario... 3

Querido diario, Hoy cometí un error. Y no fue un error cualquiera… fue uno que se sintió en el alma, si es que todavía tengo eso. La víctima era prometedora. Un tipo reservado, de oficina, con pinta de recién divorciado. Lo seguí hasta su casa, lo observé durante días. No tenía mascotas. No recibía visitas. Perfecto. Una noche de lluvia lo esperé en la escalera. No gritó. Solo tosió. Como si ya estuviera acostumbrado a desaparecer. Pero algo no estaba bien. Su cuerpo olía raro. A humedad, a encierro, a medicamento vencido. Pensé que el tueste lo arreglaría. Que el fuego, como siempre, haría su magia. No fue así. Lo preparé con respeto. Mismo proceso. Desmembrado, tostado lento, molido con amor. Pero al primer giro del molinillo, ya lo supe: algo estaba podrido por dentro. No físicamente. Era el alma. La molienda fue dura, grumosa, sucia. El polvo no se comportaba como café. Parecía ceniza húmeda. Lo infusioné igual… porque la curiosidad me gana siempre. El aroma: ácido, ...